Por motivaciones de carácter netamente ideológico, las actuales autoridades están comprometiendo valiosas oportunidades de desarrollo y de crecimiento económico para nuestro país.
Campañas de denuestos y persecuciones son emprendidas casi a diario contra los empresarios, los productores de soja y los inversionistas, en suma, todos aquellos representantes de los sectores privados vinculados con la actividad económica y la generación de empleos dignos para los ciudadanos paraguayos. Basta recordar, a modo de ejemplo, la permanente hostilidad manifestada contra la utilización de semillas transgénicas.
Paradójicamente, esta implacable persecución acontece mientras los países de la región van en una dirección contraria a la nuestra. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff adoptó recientemente un paquete de decisiones tendientes a favorecer la promoción y proteger a la industria local.
El conjunto de medidas incluye una reducción de impuestos de hasta 30.000 millones de dólares, en beneficio de la industria, como una forma de dar respuesta a la pérdida de competitividad generada por la brusca caída del dólar, las altas tasas de interés y la invasión de productos de procedencia china.
Ni qué decir ya del Uruguay, país gobernado desde hace casi siete años por una izquierda realista, pragmática y moderna.
Según el último reporte de la fundación Getulio Vargas, Uruguay acaba de desplazar a Chile como el país con “mejor clima económico de la región”, algo que seguramente fue posible no por las posturas dogmáticas que suelen exhibir los referentes del bolivarianismo radical paraguayo, sino por la promoción de sanas políticas de estímulo a la inversión.
Pocos días atrás, el secretario de la Presidencia del Uruguay, Alberto Breccia, instó a sus compatriotas a no “vociferar” contra las inversiones. Al tiempo de destacar que Uruguay se convirtió en uno de los 15 países del mundo preferidos por los inversores, el colaborador del presidente José Mujica manifestó que “de ninguna manera podemos dejar de reconocer que a Uruguay los inversores vienen buscando una rentabilidad adecuada, que se garantiza con reglas claras, estabilidad y con un régimen de promoción de inversiones que funciona bien”, según publicó el diario montevideano La República.
Desafortunadamente, aquí nuestros gobernantes aún están muy lejos de expresar tal dosis de realismo. Ellos prefieren seguir enfrascados en las viejas batallas ideológicas del siglo pasado, bregando para que nuestra población continúe sumida en el atraso y en la miseria.
Ellos, los que tanto protestaban en el pasado contra la oligarquía que criminalizaba las causas sociales, son hoy los que no tienen ningún empacho en criminalizar todo lo que represente prosperidad, emprendimiento, trabajo digno y desarrollo económico en nuestro país.
Evidentemente, desean que todos sigamos debatiéndonos en la pobreza. Esta ha de ser la fórmula que piensan aplicar para asegurarse que seguirán gobernando el Paraguay por muchas décadas más.
Fuente: www.diariovanguardia.com.py